el pez con patas

"Que algo sea reconfortante no quiere decir que sea verdad." – Richard Dawkins


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Más sobre cherry picking

En una entrada anterior en este sitio web mencione el concepto de “cherry picking” o práctica de seleccionar—en el contexto de un texto— lo que conviene, ignorando pasajes contradictorios o contraproducentes al argumento que se pretende apoyar. En una conversación alguien señalo que ello aplica tanto a los apologistas como a los detractores de la biblia; estos últimos por seleccionar, dentro del marco de las contradicciones que abundan en la biblia cristiana, pasajes que desacreditan la prédica cristiana.

Pongámoslo de esta manera. En un texto (T) se dice que fulano hizo la aseveración A1 en un pasaje. En otra parte se dice que zutano hizo la aseveración A2 que contradice a A1. Sin embargo, este texto es utilizado por un grupo grande de personas—millones en el caso de la biblia y el Corán—a lo largo de siglos como guía infalible dictada por un ser supremo invisible. Resulta que los apologéticos o defensores de las “enseñas” en T citan y recurren a A1 para sostener sus ideas ignorando A2 o aduciendo un sentido figurado, si el significado literal no tiene sentido, contradice otro argumento en el texto T o no es conveniente para el punto que se quiere hacer valer (o todas las anteriores). Para ello se inventaron la hermenéutica: el arte (no ciencia) de interpretar textos, originalmente textos sagrados. Léase aquí y aquí para ejemplos risibles de ello. Sobre la hermenéutica, léase aquí.

En esta situación, una persona racional tiene motivo suficiente para poner en duda A1 y, con ello, sospechar de la veracidad del argumento de los apologistas. No se trata, desde el punto de vista racional, escoger el argumento A2 por sus “méritos” contra las enseñanzas o argumentación de los apologistas. Se trata de rechazar ambos. Para la persona racional la existencia de contradicciones es motivo suficiente para levantar sospechas; razón suficiente para poner en duda el contenido del texto y toda la argumentación apologética que en este se fundamenta. Ante todo en textos que se hacen pasar como divinos.

Y los textos “divinos” están plagados de contradicciones. Léase la entrada “cherry picking” para par de ejemplos.


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Sobre Renacuajos y Engaños

Tendría unos 10 años de edad o 9 u 8, no recuerda bien, pero sí recuerda con certeza que vivía con sus padres en una casa alquilada en una sección de Las Lomas, una urbanización entre tantas en el San Juan suburbano. Su nombre hace justicia al entorno topográfico: elegantes lomas, que hasta mediados del pasado siglo se vestían de cañas pero que terminaran inescrutables al ser desfiguradas por el corte en terrazas para erigir diminutas unidades de vivienda unifamiliares. Diminutas viviendas, por cierto. En la cocina apenas cabía una estufa, sin permitir espacio a la nevera que terminaba aparatosamente en un rincón de la sala consumiendo—devorando— parte de los escasos 20 metros (65 pies) cuadrados de piso. Sigue leyendo


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Esperando a Jesús. Siéntense a esperar

No pierdan el tiempo esperando ni buscando excusas para explicar por qué todavía no ha venido. Según uno de los textos del Nuevo Testamento atribuído a un fulano Mateo, el tal Jesús le aseguró a sus discipulos que algunos de ellos presenciarán en vida su regreso. Aquí el pasaje:

“Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho. Les aseguro que algunos de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto al Hijo del hombre llegar en su reino”.  -Mateo 16:27-28 Nueva Versión Internacional (NVI)

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(Sacado de Ateu Atento)

 

 

Y según el texto adjudicado a un tal Marcos, Jesús advirtió a sus discípulos de los horrores que la humanidad sufrirá al momento de su venida. Es decir, vino y murió para salvar la humanidad y regresará para sofocarla. Pero les aseguró que esas cosas sucederán durante la generación los propios discípulos. Cita Marcos a Jesús:

“ »Verán entonces al Hijo del hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. Y él enviará a sus ángeles para reunir de los cuatro vientos a los elegidos, desde los confines de la tierra hasta los confines del cielo.

»Aprendan de la higuera esta lección: Tan pronto como se ponen tiernas sus ramas y brotan sus hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Igualmente, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el tiempo está cerca, a las puertas. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan”. -Marcos 13:26-30 Nueva Versión Internacional (NVI)

Y de la misma forma lo cita el tal Lucas.

Queda meridianamente claro en estos textos que Jesús habló a sus discípulos en los días finales del mundo. El fin de los tiempos. Es decir, el fin esta cerca y ellos serán testigos de su regreso:

Hebreos 1:1-2: “Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo.”

1 Corintios 10:11: “Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos.”

Pero eso sí, les dijo que se mantuvieran despiertos por las noches en un pasaje citado por los apologistas del mito cristiano para “asegurar” que nadie sabe cuándo vendrá:

»Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. Pero entiendan esto: Si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto para no dejarlo forzar la entrada. Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.” Mateo 24:42 Nueva Versión Internacional (NVI)

Es decir, regresará en estos días finales en que los discípulos imaginarios obviamente estaban viviendo pero a un día y una hora no conveniente ni anunciada.

Siéntense y manténganse despierto.

Siéntense a esperar.


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El Pasaje (cuento corto)

I

¿Soy acaso el mar, el monstruo del abismo,

para que me pongas bajo vigilancia?

Cuando pienso que en mi lecho hallaré consuelo

o encontraré alivio a mi queja,

aun allí me infundes miedo en mis sueños;

¡me aterras con visiones!

Job 7:12-14

II

Josué sintió que la maldad se revelaría, acecharía, en las paredes esa noche; esa primera noche en el pequeño apartamento que le servía de hospedaje. Lejos de la familia. Sólo, a merced de las malas almas que el demonio atrinchera en las paredes.

-Diosito apiádate de mi, bendito, ampárame y haz que duerma tranquilo. Hay mamita vente conmigo…– murmuraba para sí.

Desde chico le acechaban las pesadillas y las alucinaciones nocturnas. Al acostarse, su mamá apagaba luz porque el interruptor de la pared estaba lejos de la cama. Josué temía andar a oscuras el corto tramo desde el interruptor en la pared, al lado de la puerta de salida de cuarto, hasta la cama. Cerraba los ojos milisegundos antes del ocaso; antes del último destello de luz artificial. Para Josué esos primeros segundos de tinieblas eran el preludio del terror. Mantenía cerrado los párpados por breves segundos esperando que la impresión de la bombilla, como una huella de luz, se desvaneciera de sus retinas.

A la apertura de los párpados seguía el movimiento rápido, circular algunas veces y caótica las más, de los ojos como buscando acelerar el proceso lento y angustioso de adaptación a los niveles extremadamente tenues de iluminación que, a hurtadillas,  permitían los trazos de luz que se filtraban por debajo de la puerta y a través de las rendijas de las ventanas miami. El pequeño Josué quedaba a merced de la penumbra fantasmagórica.

Josué fue criado en una familia que asiduamente asiste a una pequeña iglesia pentecostal del barrio en que todavía viven en la parte rural de Trujillo Alto. No fue una sino varias las ocasiones en que su mamá le rogó al pastor que interviniera para atenuar la miseria nocturna del pobre Josué. Finalmente el pastor se reunió con Josué y le explicó que son muchas las veces que el Señor interviene en los sueños.

–Cuando los hombres son tercos y se alejan del dictado de Dios, el señor se vale de los sueños buenos y malos. Pero también Satán así se manifiesta. Hoy le pediré a los hermanos de la iglesia que pongan a Josué en oración. El infierno es el lugar donde no serás feliz. Allí los amigos no salen a divertirse. El infierno es una eterna hoguera donde las almas pecadoras van a parar sin ser salvo por Jesus. Allí quedarán por siempre, sin la merced ni la piedad de Dios.

Josué quedó estupefacto, casi perturbado. Esa noche decidió dormir con las luces prendidas.

III

“Jesús mío mi salvador apiádate de mi..” rezaba para sus adentros luego de cerrar los ojos. Pero ya no era un niño. Dieciocho años apenas cumplidos y en primer año de universidad.

El apartamento en que se hospeda es parte de una vieja estructura de dos plantas en el centro urbano de Humacao propiedad de un primo hermano de su papa. El lote al lado derecho del edificio esta baldío. Al lado izquierdo ubica una vieja casona abandonada.

La parte baja del frente que da a la calle está desocupada. Hay dos puertas. Una de ellas es la entrada a lo que fuera el negocio de la esposa del primo del papa previo al divorcio. La otra puerta, en la esquina derecha de la estructura, se abre a un pasillo que lleva la puerta de entrada al apartamento que habita Josué, justo detrás de la tienda, y a unas escaleras para subir a otro apartamento desocupado en el segundo piso.

Tanto abandono y tanto silencio no hacen más que agravar su desdicha nocturna. Josué decidió dormir en la sala.

Josué no tenía amigos con quien divertirse. Ni siquiera en la iglesia. Allí iba a rezar para no ir al infierno. Para salvar su alma. Porque Dios es amor, pensaba, y está contigo en los momento difíciles, continuaba pensando.

A penas cuando lograba dormitar, el ruido grácil, casi un murmullo, que emanaba de las paredes y el piso lo zarandeó. Su mirada se tornó fijamente a los destellos de luz que se filtraban entre las fisuras de la vieja y maltratada pared de la sala. Entró en pánico. Se irguió. Se agarró la cabeza con la vista todavía dirigida, fijamente, a la pared.

—¡Jesus mío!. ¡Es Satán!

Satán. Con letra mayúscula. Como su miedo. El miedo que aprendió de su madre, de su iglesia, de su pastor. Se volteó despavorido corriendo hacia la puerta de salida dando tumbos mientras atravesaba el pasillo a oscuras hacia la puerta de salida a la calle; la calle que recorrió en carrera alocada sin prestar atención a los alaridos de los perturbados perros del vecindario. Sin pensar siquiera en el Dios. El Dios de amor que condena a sus criaturas al infierno, sin piedad ni merced, como a Josué en esa noche. Como en tantas noches.

IV

–Rio Piedras, cuatro y nos vamos — retumbó a los vientos en el Terminal de Guaguas Públicas de Humacao quién parecía tener a cargo la llevadera tarea de hacer cuentas y anunciar, a los posibles viajeros, la cantidad de espacios disponibles en el autobús de pasajeros con destino a Río Piedras.

A Irène le encantaba la manera en que los puertorriqueños nombraban al pequeño autobús o van de pasajeros. Pisicorre. Ella los conocía como furgoneta. Irène aprendió español durante los años que atendió la escuela secundaria en Santa Bárbara, estado de California, completando un minor durante sus estudios subgraduados en antropología en la Universidad de California en Berkeley. Fue en esta universidad que obtuvo, recientemente, el doctorado en Antropología.

Irène. Fue a su mamá, profesora de estudios graduados en Física en la Universidad de California, a la que se le ocurrió llamarle así, a la memoria de la física francesa Irène Joliot-Curie, científica , socialista, miembro de la resistencia francesa contra la ocupación nazi, atea y promotora de la educación de las mujeres.

Irène avanzó para ocupar uno de los asientos en la parte posterior al lado de la ventana de la pisicorre. En ruta de Humacao a San Juan, la carretera número 30 ofrece un espectáculo escarlata en verano: el Flamboyán en flor. Irène se embarca en el paisaje. Una travesía a través de un majestuoso mosaico de verdes, anaranjados, amarillos  y rojos.  Cuando no encuentra una conversación entretenida con algún pasajero fortuito, se entretiene, absorta, escudriñando el panorama en busca de un Flamboyán azul.

–Buen día– interrumpe una joven que se sienta a su lado seguida por una tercera persona que a duras penas, por el exceso de peso, se abría paso hacia el asiento diseñado para cuatro pero que en las pisicorres suelen apiñar a cinco. El pregonero de los asientos-por-ocupar se asomó por la ventana y refunfuño para sus adentros. “Tres pasajeros y el asiento lleno”.

La estadía en la Ciudad Gris no pudo ir mejor. No fue su primera visita. Es su tercera visita. Las dos anteriores como parte de su trabajo de investigación de lugares históricos iniciado por uno de sus profesores de Berkeley. Esta ocasión motivada por un rumor que escuchara de Matilde, la dueña de la hospedería donde suele quedarse en el pueblo.

—El dueño anterior de esta estructura, un caballero de ochenta años largos, me contó que debajo de el piso del cuarto donde duermes hay un túnel que era utilizado por opositores de la Corona cuando la Isla era colonia española— le contó susurrando Matilde, no por miedo a que algún tercero la escuchara, sino con desnuda intención de hacer el relato entretenido.

Matilde tendría unos cuarenta y algo años. La hospedería, tal como le admitiera en otra ocasión, no era del todo rentable pero le agradaba la compañía de huéspedes selectos.  Su modesta fuente de ingresos provenía de los cursos de literatura en el Recinto Universitario de Humacao y de dos libros de cuentos cortos que publicara.

Irène no resistió esa noche la tentación de auscultar el piso. Pegó el oído mientras percutía  con las palmas la superficie. Aquí y allá hasta que escuchó el sonido hueco. Allí permaneció absorta, paralizada, aguantado la respiración tratando de descifrar lo que se traducía en sus sentidos como una música lejana.

“El salón de baile”, pensó excitada. “El edificio de madera de la esquina”. Se trataba de un viejo edificio de dos plantas en el mismo bloque pero en la esquina opuesta de la hospedería.

En la mañana el acuerdo con Matilde se formalizó. Al menos de palabra. Algo había debajo del piso y la mera idea de descubrir el pasaje—si alguno— le ponía la piel de gallina. Matilde contacto esa misma tarde a Miguel, el handyman que le hacía los trabajos de mantenimiento de la hospedería. Los trabajos comenzaron el día después, temprano en la mañana.

— Muévanse al lado si no quieren que los golpee con el marrón — aviso Miguel.

“¿Marrón?”, pensó Irène. Para su español de California era un marro. “Pisicorre, marrón”. Le fascinaba el dialecto puertorriqueño.

A los primeros golpes del marrón el piso cedió. El túnel. El pasaje. Irène se sumergió primero con su casco con linterna. En una caída de dos metros tocó fondo. Matilde, con una linterna de mano,  y Miguel, con el marrón en mano, le siguieron.

El túnel era rectangular, metro y medio de alto por un metro de ancho. No suficientemente cómodo para Irène que era delgada pero medía cinco pies y diez pulgadas. Húmedo, en olor y en sensación en la piel. Lentamente, encorvados unas veces y en cuclillas otras, se desplazaron a través de un tramo largo, quizás unos 100 metros, hasta un punto en que la reducción brusca de la altura, a penas un metro, les obligó a continuar gateando. Diez metros más adelante Irène alcanzó a ver una apertura a la izquierda del pasaje principal. Al acercarse notó que la apertura era el acceso a un pasadizo diagonal por el que se podía subir cómodamente y el cual probablemente les llevaría a la superficie.

Irène no hesitó y decidió ascender seguida por sus dos acompañantes para toparse de seguido con lo que aparentaba ser, por su elaboración descuidada, el dorso de una pared de madera y cemento que sellaba el acceso desde la superficie. Irène se acercó alumbrando con la linterna de su casco en un intento de ver a través de las fisuras de la pared cuando un grito aterrador al otro lado la detuvo.

—¡Jesus mío! ¡Es Satán!— fue lo único que alcanzó a entender. Al grito le siguió un alarido acompañado por un retumbe estruendoso de pasos que parecían alejarse para confundirse en un distante y apenas discernible coro de ladridos.


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Me dañó el día.

Hay discusiones casuales con extraños que acostumbro, a duras penas, evitar. Hay, sin embargo, estas ocasiones en que las penas pesan demasiado y no puedo resistirme. Esto pasó recientemente saliendo de una taberna en Decatur, Georgia. Un hombre mayor que yo –unos sesenta largos o setenta cortos– se detuvo a conversar al momento en que me las arreglaba para montar mi bicicleta. La conversación comenzó como de costumbre entre extraños. “Que día feo para correr bicicleta..”, “Sí, ha estado lloviendo..”, “bla…bla..bla…”. Hasta que insistentemente me mencionó la biblia. En específico, la paz y armonía entre los hombres de buena voluntad…etc. La biblia escrita, según él, por “Dios”.

Le dije que no estaba de acuerdo. Que la biblia esta plagada de relatos crueles de un hombre invisible imaginado que por soberbia , no solo comete genocidios, sino que ordena a matar –ancianos, mujeres y niños por igual; que ordena robar y violar mujeres; que ordena a su pueblo escogido a marchar para destruir toda nación que se encuentre a su paso y a robarle los territorios. Literalmente:

40 Así Josué conquistó toda aquella región: la cordillera, el Néguev, los llanos y las laderas. Derrotó a todos sus reyes, sin dejar ningún sobreviviente. ¡Todo cuanto tenía aliento de vida fue destruido completamente! Esto lo hizo según el mandato del Señor, Dios de Israel. 41 Josué conquistó a todos, desde Cades Barnea hasta Gaza, y desde la región de Gosén hasta Gabaón. 42 A todos esos reyes y sus territorios Josué los conquistó en una sola expedición, porque el Señor, Dios de Israel, combatía por su pueblo.

Sí, matad niños y recién nacidos:

15 Un día Samuel le dijo a Saúl: «El Señor me envió a ungirte como rey sobre su pueblo Israel. Así que pon atención al mensaje del Señor. 2 Así dice el SeñorTodopoderoso: “He decidido castigar a los amalecitas por lo que le hicieron a Israel, pues no lo dejaron pasar cuando salía de Egipto. 3 Así que ve y ataca a los amalecitas ahora mismo. Destruye por completo todo lo que les pertenezca; no les tengas compasión. Mátalos a todos, hombres y mujeres, niños y recién nacidos, toros y ovejas, camellos y asnos.” »

“Eso es el viejo testamento..”, afirmó. “Sí, el Viejo Testamento judío incluido en la biblia cristiana que relata las abominables hazañas del dios de los judíos y cristianos de las que no se arrepiente en ningún momento”, contesté.

Un dios que los judíos moldearon a partir de los mitos y creencias de los sumerios y otras civilizaciones. Un nuevo testamento amasado por los romanos y europeos conquistadores. El del “hijo de dios” que los blancos impusieron a sus esclavos en el sur de Estados Unidos y que los descendientes de estos últimos continúan ciegamente adorando.

En materia de copiar dioses, los griegos eran expertos. Léase sobre la fusión greco-egipcia de dioses (Serapis, por ejemplo). Léase sobre los romanos que adoptaron varios dioses, costumbres y creencias de los griegos y de los pueblos al oriente del Mar Mediterráneo al paso de sus conquistas. Pero ninguna de estas artimañas de conquista se puede comparar con la gran tragicomedia greco-romano del cristianismo, solo comparable con su análogo Islam, por las desdichas que ha causado y continúa causando a la humanidad.

En el dominio del imperio romano proliferaron diversas sectas cristianas creyentes de diversas versiones –las veces un tanto similares y las veces contradictorias–de un mito cuyo origen no se ha podido establecer.  Lo que se conoce de estas sectas proviene mayormente de escritos de los cuales no se conservan ejemplares cuya originalidad pueda ser probada con certeza e igualmente sus autores. No existen originales, solo fragmentos y transcripciones de los cuales los más tempranos datan del siglo segundo de la EC (Era Común), mucho después de los supuestos eventos.

Estos documentos (en su mayoría en griego pero disponibles en otras lenguas escritas) incluyen los llamados evangelios apócrifos o extra-canónicos y los llamados canónicos. Estos últimos, impregnados del helenismo estoico y cínico, son los que la iglesia cristiana romana, la originaria de todas las sectas que conocemos hoy en día, escogió en el Concilio de Nicea (Siglo IV EC) entre cientos de escritos, después de la “milagrosa” (según la iglesia católica romana) victoria militar de Constantino (el sangriento emperador romano que murio bautizado cristiano) que “amparado” por la mano del dios judeo-cristiano derrotó a Licinio (imperio romano de oriente) ganando a otros cristianos que por el imperio romano abundaban y bullían para la iglesia romana. Pocos son los escritos no canónicos que sobrevivieron a la purga cristiano romana. Lo que es igualmente trágico es que lo que se conoce del cristianismo de la época es a través de los apologetas cristianos, tristemente conocidos por la flagrante falsificación y alteración de textos.  Aún hoy en día los cristianos no se ponen de acuerdo para una versión común  plausible. Hay diversas versiones de una biblia acuñada por los romanos que, producto de los hombres, se ha amasado a través de distintas traducciones del griego.

El cristianismo se propagó con el apoyo del Estado romano a través del imperio y otros territorios (e.g., el Reino de Aksum adoptó el cristianismo en Etiopía en esos momentos y en Yemen el cristianismo apareció a finales del siglo IV, lo que conllevó una guerra con los judíos que allí habitaban). En Europa se consolidaron en la Edad Media, la era del miedo, de atrocidades y de castigos. Y de Europa, a fuerza de las armas y el dinero, se propagó al resto del mundo. Los soldados y clérigos europeos lo impusieron en América y África. La esclavitud de los negros se justificó con la biblia en América. Los soldados nazis marcharon con la inscripción  “Dios está con nosotros” en sus cintos mientras las tropas aliadas se encomendaron al señor para que les proteja y les guíe a la victoria de la misma forma que los deportistas se persignan mientras compiten. Como lo hicieron los gendarmes de los dictadores latinoamericanos como Pinochet en Chile, que era católico, y Rios Montt (el ungido de Dios) en Guatemala, protestante.

Unknown

Gott Mit Uns (Dios con nosotros). Hebilla en cinturón de los soldados nazis de la Wehrmacht.

¡Y viene este señor en Georgia a hablar de la Biblia! Me dañó el día.