el pez con patas

"Que algo sea reconfortante no quiere decir que sea verdad." – Richard Dawkins


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Despues de la muerte

No tengo miedo a lo que me pase cuando muera. No me trago el cuento de la “otra vida” después de la muerte. No le temo a la muerte. Lo que temo es dejar de vivir temprano.

La mayoría de los humanos que me rodean asumen que existe otra vida después de la muerte. No hay, sin embargo, un consenso sobre que realmente pasa, como lucimos, con quien nos encontramos, como es el lugar a donde “vamos”. Como es estar muerto.

No tengo miedo a lo que me pase cuando muera. No me trago el cuento de la “otra vida” después de la muerte. No le temo a la muerte. Lo que temo es dejar de vivir temprano. No puedo decir que me entristecería dejar de vivir porque en ese momento no hay tristezas, ni alegrías ni puntos medios.

En una ocasión una joven compañera de trabajo me preguntó que yo creo que pasa cuando se muere.

― ¿Has recibido anestesia general en una operación? ―le pregunté.

―No ―me contesto.

―Yo sí, en dos ocasiones. ―Comencé a narrar―.  La última vez una colonoscopía. En la mesa de operaciones, al momento que me aplicaron la anestesia, la asistente del anestesista me dijo que no me iba a dar cuenta de… Eso fue todo. Me quede en el de. Desperté en el cuarto de recuperación. Quizás una hora después. No me acorde de haber soñado siquiera. Una hora de nada. Sin conciencia. Para mí fue un instante. Así es cuando se muere. Excepto que no despiertas ni te das cuenta. No existes.

Lo anterior no me deprime. No me causa angustia. Unos días después de la intervención médica decidí abordar el metro y dirigirme a la estación de Midtown en Atlanta y caminar a lo largo de 10th Street, en dirección al parque Piedmont, el parque central de la Ciudad. Con ese propósito en mente caminé temprano en la mañana desde mi apartamento hacia la estación del metro en el square de Decatur a seis millas al este de Atlanta.  El Decatur hipster . El pequeño town de edificios de escala humana con calles atrincheradas en hileras de edificaciones no presuntuosas. Edificaciones de austeras alturas donde pequeños negocios y reducidos apartamentos amalgaman. El Decatur de tabernas y heladerías. De maestros y amateurs cerveceros. De extrañas y extraños entrando y saliendo de los cafés, del metro, de los edificios de comercios, oficinas y residencias. Trotando en escaza indumentaria. Sudando y respirando agitadamente.

Estoy vivo. Eso importa.


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