el pez con patas

"Que algo sea reconfortante no quiere decir que sea verdad." – Richard Dawkins


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Marcha por la Ciencia el día del Planeta Tierra

«Si no hay dudas, no hay progreso». – Charles Darwin.

Hoy 21 de abril de 2017 es el gran día: el mundo macha por la ciencia en 500+ ciudades. ¿Qué mejor día que día del planeta Tierra?

Y se marchará aquí en Atlanta. Y en las marchas los científicos se vestirán con batas blancas a elogiar el progreso científico; progreso al que la duda, no la fe ni el dogma, le sirve de motor.

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Han transcurridos cinco siglos de revolución científica en esta era de la razón que subsiste en nuestros días. Subsiste, a pesar del embate que la ignorancia le acomete.  Era de la razón que ha servido de terreno fértil para la libertad de pensar, de actuar, de ser uno mismo y de desprenderse de la miseria.

Gracias a la razón. Sin embargo, hay mucho camino que recorrer…y marchar.


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Despues de la muerte

No tengo miedo a lo que me pase cuando muera. No me trago el cuento de la “otra vida” después de la muerte. No le temo a la muerte. Lo que temo es dejar de vivir temprano.

La mayoría de los humanos que me rodean asumen que existe otra vida después de la muerte. No hay, sin embargo, un consenso sobre que realmente pasa, como lucimos, con quien nos encontramos, como es el lugar a donde “vamos”. Como es estar muerto.

No tengo miedo a lo que me pase cuando muera. No me trago el cuento de la “otra vida” después de la muerte. No le temo a la muerte. Lo que temo es dejar de vivir temprano. No puedo decir que me entristecería dejar de vivir porque en ese momento no hay tristezas, ni alegrías ni puntos medios.

En una ocasión una joven compañera de trabajo me preguntó que yo creo que pasa cuando se muere.

― ¿Has recibido anestesia general en una operación? ―le pregunté.

―No ―me contesto.

―Yo sí, en dos ocasiones. ―Comencé a narrar―.  La última vez una colonoscopía. En la mesa de operaciones, al momento que me aplicaron la anestesia, la asistente del anestesista me dijo que no me iba a dar cuenta de… Eso fue todo. Me quede en el de. Desperté en el cuarto de recuperación. Quizás una hora después. No me acorde de haber soñado siquiera. Una hora de nada. Sin conciencia. Para mí fue un instante. Así es cuando se muere. Excepto que no despiertas ni te das cuenta. No existes.

Lo anterior no me deprime. No me causa angustia. Unos días después de la intervención médica decidí abordar el metro y dirigirme a la estación de Midtown en Atlanta y caminar a lo largo de 10th Street, en dirección al parque Piedmont, el parque central de la Ciudad. Con ese propósito en mente caminé temprano en la mañana desde mi apartamento hacia la estación del metro en el square de Decatur a seis millas al este de Atlanta.  El Decatur hipster . El pequeño town de edificios de escala humana con calles atrincheradas en hileras de edificaciones no presuntuosas. Edificaciones de austeras alturas donde pequeños negocios y reducidos apartamentos amalgaman. El Decatur de tabernas y heladerías. De maestros y amateurs cerveceros. De extrañas y extraños entrando y saliendo de los cafés, del metro, de los edificios de comercios, oficinas y residencias. Trotando en escaza indumentaria. Sudando y respirando agitadamente.

Estoy vivo. Eso importa.


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La Niebla (sin editar)

Par de kilómetros más de curvas en la carretera 162 y en casa. Ha pasado poco más de una hora manejando desde la ciudad de Ponce hacia el barrio Helechal, en Barranquitas.  Es una noche de cansancio, de neblina y pobremente perceptible llovizna. E imperceptible es el paisaje en su recorrido por está estrecha carretera a través de montañas y barrancas; ceguera atenuada por las luces delanteras que se difuminan fantasmagóricamente en la neblina. Un carril de ida y otro de vuelta tan estrechos que vehículos marchando en distintas direcciones apenas evitan colisionar.

La música del radio, que provenía de la conexión del iPhone a través de un cable auxiliar, fue súbitamente interrumpida por la entrada de una llamada. MAMA, anunciaba el panel de instrumento. Presiono el botón de aceptar en el guía.

–Dímelo –abrió la conversación lacónicamente.

–¿Paraste en la farmacia? –pregunto la mama con tono inquisidor –La doctora te advirtió que no puedes dejar de tomar las pastillas en ningún momento. Ya llevas dos días y no hay excusas.

–Sí. Pare en la farmacia y las recogí –respondió, mintiendo, más para salir del paso que para complacerla— Tengo que enganchar. Estoy guiando por las curvas y hay mucha neblina. Te hablo mañana. Sigue leyendo