el pez con patas

"Que algo sea reconfortante no quiere decir que sea verdad." – Richard Dawkins

De Siberia al Ártico Americano: la Resistencia Genética al Frío Extremo

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Recientemente me topé con un artículo en el Internet titulado “Genes from our extinct relatives live on in modern humans” (Genes de nuestros extintos relativos sobreviven en los humanos modernos) publicado enero 2017 en la página web Understanding Evolution (lee aquí).  Aduce a un ejemplar estudio de caso donde la selección natural hace de las suyas para moldear a grupos humanos de manera que se adapten a ambientes implacables. Aquí un resumen.

Nos transportan a las heladas regiones árticas de América donde habitan distintas comunidades esquimales a los que se les asigna un nombre común: los Inuit. Son descendientes de tribus de Siberia que hace unos 1,000 años cruzaron el estrecho de Bering y ocuparon las frígidas tundras de Alaska, Canadá y Groenlandia. Los Inuit están adaptados a sobrevivir en temperaturas que registran promedios diarios de -28 C (-20 F) y escazas horas de luz solar durante el invierno.
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Científicos estudiando el material genético Inuit hicieron un importante descubrimiento. Indagaban en áreas del genoma Inuit buscando atributos genéticos que proveyeran a la selección natural con material idóneo para esculpir individuos resistentes al clima severo del invierno ártico. Son dos áreas las investigadas: (1) la de los genes que influyen en la manera en que el cuerpo procesa los ácidos grasos y (2) la que contiene genes asociados a la distribución y almacenamiento de la grasa que ayuda el cuerpo a generar calor.

Los genes que influyen en el procesamiento de grasos, que los inuit consumen en una alta dieta de mariscos, “…parecen haber evolucionado por vía de la acumulación y selección de mutaciones aleatorias en los ancestros humanos”. Es decir, unas mutaciones en las células reproductivas (germinales) al azar se transmitieron a los descendientes que se vieron favorecidos para sobrevivir llegando a  edad adulta y reproducir. Al pasar el tiempo, los más aptos superaron en número a aquellos no favorecidos y con los aptos resaltó la frecuencia de la mutación en la reserva genética de los inuit.

Aquí viene lo interesante, siguiendo con el artículo. La región que contiene los genes asociados con la distribución y almacenamiento de la grasa que ayuda en el control de la temperatura del cuerpo (generante de calor) es sustancialmente “…similar en secuencia al ADN de un relativo ancestral humano que vivió al lado de los neandertales – los denisovianos”.

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En 2010, un grupo de científicos recompuso el ADN mitocondrial del polvo extraído de un fragmento de hueso de un dedo desenterrado en 2008 en las cuevas de Denisova, en las montañas siberianas del macizo de Altái. Se trata de un vestigio de 40,000 años de antigüedad. El grupo estaba dirigido por Svante Pääbo (sueco) y Johannes Krause (alemán) del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

En previas excavaciones, fósiles y artefactos hallados indicaron la ocupación de esta cueva por humanos modernos (Homo sapiens) y Neandertales (Homo neanderthalensis) durante distintos momentos comenzando hace 125,000 años, hasta donde la evidencia arqueológica sugiere.

Inicialmente presumían que el fragmento de hueso perteneció a un individuo Neandertal. Sin embargo, durante el proceso de extracción del material genético, Johannes Krause, estudiante graduado del Instituto, notó que la secuencia genética era extraordinaria. La muestra exhibía un número de diferencias de la secuencia de la de los Neandertales y de la de los humanos modernos. Lo que el análisis del material de mitocondria develó es que el dedo probablemente perteneció a un individuo de una posible especie distinta, no conocida anteriormente, dentro del mismo género Homo: el homínido de Denisova.

Aunque no existe evidencia fósil que delate como lucía físicamente, la evidencia (estudio del ADN) apunta al cruce sexual con humanos y neandertales. Hoy en día, humanos modernos en algunas partes del mundo portan genes denisovanos.

Y aquí la pieza reveladora del artículo que nos ocupa: resalta la probabilidad de que los genes que guían la distribución y almacenamiento de grasos generadores de calor proliferaran mediante la selección natural en los denisovanos, adaptados al ambiente frio severo donde habitaban, para entonces pasar a grupos humanos mediante el cruce sexual. Es así que los denisovanos “incubaron” y moldearon el caldo genético y se lo pasaron a grupos de humanos. Allí donde los humanos portadores del material genético soportaban el clima helado por generaciones, la frecuencia de los genes dominó. No así en las poblaciones adecuadas a los climas menos fríos.

Pasarían siglos para que algunos de estos grupos humanos de la Siberia cruzaran al estrecho de Bering y ocuparan el ártico americano.

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