el pez con patas

"Que algo sea reconfortante no quiere decir que sea verdad." – Richard Dawkins

Me dañó el día.

Deja un comentario

Hay discusiones casuales con extraños que acostumbro, a duras penas, evitar. Hay, sin embargo, estas ocasiones en que las penas pesan demasiado y no puedo resistirme. Esto pasó recientemente saliendo de una taberna en Decatur, Georgia. Un hombre mayor que yo –unos sesenta largos o setenta cortos– se detuvo a conversar al momento en que me las arreglaba para montar mi bicicleta. La conversación comenzó como de costumbre entre extraños. “Que día feo para correr bicicleta..”, “Sí, ha estado lloviendo..”, “bla…bla..bla…”. Hasta que insistentemente me mencionó la biblia. En específico, la paz y armonía entre los hombres de buena voluntad…etc. La biblia escrita, según él, por “Dios”.

Le dije que no estaba de acuerdo. Que la biblia esta plagada de relatos crueles de un hombre invisible imaginado que por soberbia , no solo comete genocidios, sino que ordena a matar –ancianos, mujeres y niños por igual; que ordena robar y violar mujeres; que ordena a su pueblo escogido a marchar para destruir toda nación que se encuentre a su paso y a robarle los territorios. Literalmente:

40 Así Josué conquistó toda aquella región: la cordillera, el Néguev, los llanos y las laderas. Derrotó a todos sus reyes, sin dejar ningún sobreviviente. ¡Todo cuanto tenía aliento de vida fue destruido completamente! Esto lo hizo según el mandato del Señor, Dios de Israel. 41 Josué conquistó a todos, desde Cades Barnea hasta Gaza, y desde la región de Gosén hasta Gabaón. 42 A todos esos reyes y sus territorios Josué los conquistó en una sola expedición, porque el Señor, Dios de Israel, combatía por su pueblo.

Sí, matad niños y recién nacidos:

15 Un día Samuel le dijo a Saúl: «El Señor me envió a ungirte como rey sobre su pueblo Israel. Así que pon atención al mensaje del Señor. 2 Así dice el SeñorTodopoderoso: “He decidido castigar a los amalecitas por lo que le hicieron a Israel, pues no lo dejaron pasar cuando salía de Egipto. 3 Así que ve y ataca a los amalecitas ahora mismo. Destruye por completo todo lo que les pertenezca; no les tengas compasión. Mátalos a todos, hombres y mujeres, niños y recién nacidos, toros y ovejas, camellos y asnos.” »

“Eso es el viejo testamento..”, afirmó. “Sí, el Viejo Testamento judío incluido en la biblia cristiana que relata las abominables hazañas del dios de los judíos y cristianos de las que no se arrepiente en ningún momento”, contesté.

Un dios que los judíos moldearon a partir de los mitos y creencias de los sumerios y otras civilizaciones. Un nuevo testamento amasado por los romanos y europeos conquistadores. El del “hijo de dios” que los blancos impusieron a sus esclavos en el sur de Estados Unidos y que los descendientes de estos últimos continúan ciegamente adorando.

En materia de copiar dioses, los griegos eran expertos. Léase sobre la fusión greco-egipcia de dioses (Serapis, por ejemplo). Léase sobre los romanos que adoptaron varios dioses, costumbres y creencias de los griegos y de los pueblos al oriente del Mar Mediterráneo al paso de sus conquistas. Pero ninguna de estas artimañas de conquista se puede comparar con la gran tragicomedia greco-romano del cristianismo, solo comparable con su análogo Islam, por las desdichas que ha causado y continúa causando a la humanidad.

En el dominio del imperio romano proliferaron diversas sectas cristianas creyentes de diversas versiones –las veces un tanto similares y las veces contradictorias–de un mito cuyo origen no se ha podido establecer.  Lo que se conoce de estas sectas proviene mayormente de escritos de los cuales no se conservan ejemplares cuya originalidad pueda ser probada con certeza e igualmente sus autores. No existen originales, solo fragmentos y transcripciones de los cuales los más tempranos datan del siglo segundo de la EC (Era Común), mucho después de los supuestos eventos.

Estos documentos (en su mayoría en griego pero disponibles en otras lenguas escritas) incluyen los llamados evangelios apócrifos o extra-canónicos y los llamados canónicos. Estos últimos, impregnados del helenismo estoico y cínico, son los que la iglesia cristiana romana, la originaria de todas las sectas que conocemos hoy en día, escogió en el Concilio de Nicea (Siglo IV EC) entre cientos de escritos, después de la “milagrosa” (según la iglesia católica romana) victoria militar de Constantino (el sangriento emperador romano que murio bautizado cristiano) que “amparado” por la mano del dios judeo-cristiano derrotó a Licinio (imperio romano de oriente) ganando a otros cristianos que por el imperio romano abundaban y bullían para la iglesia romana. Pocos son los escritos no canónicos que sobrevivieron a la purga cristiano romana. Lo que es igualmente trágico es que lo que se conoce del cristianismo de la época es a través de los apologetas cristianos, tristemente conocidos por la flagrante falsificación y alteración de textos.  Aún hoy en día los cristianos no se ponen de acuerdo para una versión común  plausible. Hay diversas versiones de una biblia acuñada por los romanos que, producto de los hombres, se ha amasado a través de distintas traducciones del griego.

El cristianismo se propagó con el apoyo del Estado romano a través del imperio y otros territorios (e.g., el Reino de Aksum adoptó el cristianismo en Etiopía en esos momentos y en Yemen el cristianismo apareció a finales del siglo IV, lo que conllevó una guerra con los judíos que allí habitaban). En Europa se consolidaron en la Edad Media, la era del miedo, de atrocidades y de castigos. Y de Europa, a fuerza de las armas y el dinero, se propagó al resto del mundo. Los soldados y clérigos europeos lo impusieron en América y África. La esclavitud de los negros se justificó con la biblia en América. Los soldados nazis marcharon con la inscripción  “Dios está con nosotros” en sus cintos mientras las tropas aliadas se encomendaron al señor para que les proteja y les guíe a la victoria de la misma forma que los deportistas se persignan mientras compiten. Como lo hicieron los gendarmes de los dictadores latinoamericanos como Pinochet en Chile, que era católico, y Rios Montt (el ungido de Dios) en Guatemala, protestante.

Unknown

Gott Mit Uns (Dios con nosotros). Hebilla en cinturón de los soldados nazis de la Wehrmacht.

¡Y viene este señor en Georgia a hablar de la Biblia! Me dañó el día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s